Seis son Multitud!
Impensadas presencias, inesperados resultados…
Es viernes por la mañana y Micheloni se devora una medialuna de manteca en el office sin poder disimular la alegría que lo invade desde hace unas cuantas horas. Con la boca llena y chorreando café por las comisuras no se pierde la oportunidad para saludar a sus contrincantes del partido de la tarde anterior “Fiorenzo, les ganamos con un pibito de 13 años” dice casi gritando. Más atrás Brito sonríe cómplice y en su rostro también se dibuja una socarrona sonrisa de satisfacción.
Más tarde, un orgulloso y desbordante Zar Bilbao se encargará de gozar a mansalva a su eterno rival, Leo Barrionuevo y, por supuesto, a Guido Pinto, una nueva personalidad que se sumó inesperadamente a la runfla planexwerense que cultiva el fútbol cada jueves. Un debut medio traumático el del gerente comercial, que tuvo que vérselas con otra inesperada pero contundente aparición. Su tarea fue marcar al precoz muchachín de gorrita con visera, el heredero del Zar Bilbao, que, sin dudas y con apenas 13 años, fue la figura destacada del encuentro número 41.En la oficina de comercial, mientras desayunan, Fiorenzo y Barrionuevo murmuran en lo bajo, y mascullan sobre los motivos de la derrota. Es que antes de que comenzara el partido hasta parecía que tenían ventaja deportiva con los elementos que la saeta Barrionuevo había pergeñado con su plan estratégico. Y si bien la diferencia en el resultado fue por apenas un gol, el triunfo del equipo de Micheloni, Brito, el Zar y su retoño, golpeó duro el ánimo de estos muchachos.
“Es que con seis integrantes por equipo no se puede ni caminar por la cancha” tiró alguien por ahí (integrante del equipo derrotado, obvio), aludiendo a la inusual cantidad de jugadores que integraron ambas huestes, tratando de encajar un argumento convincente para justificar la derrota (y acallar la percutiva gastada, que se tornó más machacante en horas del mediodía), pero lo cierto es que los de pechera roja demostraron personalidad de equipo: no hubo mucho lujo, es verdad, pero hubo toque y organización en un campo de juego que, en rigor de verdad, estaba superpoblado (no olvidemos nombrar los infaltables guadañazos de Bilbao, siempre dispuesto a ganar a cualquier precio).
En cambio, el equipo negro solo atinó a apoyarse en un Barrionuevo siempre inspirado, y solo dependió de sus individualidades; así como también de las de Pablito Rigoni Junior, que vino a revindicar a su progenitor, dejándolo bien parado a fuerza de tacos precisos y tiros certeros que, sin embargo, no alcanzaron para definir la contienda.
Fiorenzo, una vez más, no se dejó ver. Se escuchó decir por los pasillos de PLX que el caño alevoso que le metió Brito apenas arrancaba el encuentro lo desmoralizó de tal manera que todo el resto del partido se le hizo cuesta arriba. Más tarde, en su búsqueda desesperada por validar el título que había sabido ganarse como cabeceador habilidoso, salió atolondradamente a buscar un tiro por elevación, para terminar cayendo de lleno sobre su cadera, terminando revolcado aparatosamente en la alfombra verde, pidiendo a gritos el carrito y un traumatólogo.
Otro que supo rodar por el césped sintético del Partenón fue G. Pinto, que se las vio en figurillas cada vez que tuvo que enfrentar al Bilbaíto, quien lo superó prácticamente en cada pelota que tuvo que disputarle. Sin embargo es de destacar que el corpulento otrora rugbier, tras meses de inactividad deportiva (por cierto notoria a flor de piel), se supo parar en la cancha y bancarse la que viniera. Así, una vez más, la saga deportiva que forjan cada jueves los muchachos PLX, tuvo un nuevo capítulo, con nuevas personalidades que siempre se destacan (por acción u omisión) y que se siguen sumando al submundo futbolero comandado por el Zar, y ahora también, con el aliento paternal “a lo técnico” de Dani Rigoni desde atrás del alambrado… Falta que N. Tarantino y A. Bazet se calcen el uniforme de porristas y el circo está completo. Las esperamos chicas!

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